Es el cuarto año consecutivo que lo celebran en este sitio rodeado de montañas nevadas que evocan los Alpes suizos. Los volcanes, los bosques, las vacas y las bajas temperaturas los hacen sentir como en su propia patria.
Imposible evitar la añoranza por el país donde nacieron ellos, sus padres o su pareja. El lugar, la música y el encuentro con viejos amigos los invade de nostalgia. Brindan porque la lealtad suiza sea su aportación al pueblo mexicano, tan fragmentado y polarizado.
Al calor de la tradición
En la parte posterior de la hacienda se encuentra la muralla que alberga las banderas de los 26 cantones de la Confederación Helvética, que en 1291 se independizó de los Habsburgo. La foto familiar en este sitio es emblemática.
La fecha exacta de la independencia suiza es una incógnita, se sabe que es en agosto pero se desconoce el día, por tanto en Suiza se festeja el día primero, con fuegos artificiales y fogatas en las calles, hogares y en las montañas.
El fuego es el símbolo de la lealtad. Fungió como telégrafo para transmitir la señal al pueblo a través de las montañas, de esa forma la noticia atravesó los Alpes. Por ello no hay fiesta suiza sin lumbre.
México eleva la fogata más alta del mundo al quemar cuatro toneladas de leña, lo que en Suiza sería imposible dado el elevado costo de este insumo y la preocupación ambiental, narró a TREFF3 Ernesto Maurer, dueño de la Hacienda Panoaya.
La fusión de dos culturas
No son pocos los suizos que han dejado su país por enamorarse de México y sus
Una de las parejas que recorría la hacienda contó a TREFF3 cómo se enamoraron. Walter es suizo y Rose mexicana, se conocieron en Inglaterra, cuando estudiaban inglés, allá se casaron y vivieron tres años en Suiza, donde nacieron sus hijos.
Hace una década llegaron a México y este es el tercer año que celebran este día en Amecameca. "Es mucha emoción porque vienen personas con el mismo sentimiento de amor a Suiza y nuestros hijos aprenden a vivir dos culturas, queremos que amen a las dos patrias por igual", expresaron.
El embajador de Suiza en México, Rudolf Knoblauch, compartió este sentimiento con sus compatriotas, ante quienes declaró que la fiesta nacional es un momento de reflexión que permite cultivar sus tradiciones y consolidar lazos.
Los himnos nacionales de México y Suiza, se entonaron en sus cuatro lenguas, y la fiesta continuó a ritmo de son jarocho y acordeón.
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Texto: Adriana Franco





