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Danza de los viejitos en Michoacán México

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Danza de los viejitos en Michoacán Danza de los viejitos en Michoacán Christian González Verón

Esta tradicional danza data de la época de la conquista española. El pueblo indí­gena P´urhépechas la interpreta cada domingo.

 

Con máscaras color piel y arrugas que marcan el paso del tiempo, los viejitos llegan cada domingo a muchas de las principales plazas de los pueblos del estado de Michoacán.

 

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Con un baile de resbalones y caí­das entretienen al público que poco a poco se aglomera a los lados para apreciar el espectáculo callejero.

En Morelia, capital del estado, eligen desplegar el colorido de sus trajes y la tradicional melodí­a en uno de los laterales de la catedral.

Esos viejitos, representados en su mayorí­a por niños, son hijos del pueblo P´urhépecha que han heredado la danza como estandarte de una identidad compartida.

Este baile surge durante la época de la conquista, tiene por objetivo reflejar al anciano colono que según la mirada del pueblo indí­gena era dueño de una notoria vejez. Por eso la danza los muestra torpes, encorvados y con rostros desdentados. 

Cuando los P´urhépechas bailaban para los españoles generaban que estos se rieran de ellos mismos, de ese reflejo dado desde una mirada local.

El espectáculo se repite; primero la danza cuando comienza la música, luego un viejito se separa del grupo y con su sombrero en mano se confunde entre los presentes pidiendo colaboración. Así­ sucede cada tarde, cada domingo, en las plazas pueblerinas.

 

Texto: Daniela López

 

 

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  • Gonzalo Ramos Aranda

    LA DANZA DE LOS VIEJITOS

    “El célebre Tata Vasco, vio bailar viejo tarasco.”

    La Danza de los Viejitos,
    bastones, máscaras, mitos,
    con su traje peculiar,
    lucen, brillan a radiar.

    Que lindos esos atuendos,
    dignos de hombres estupendos,
    son por todos admirados
    los “uarharis” encorvados.

    De Jarácuaro su alma,
    usan sombreros de palma,
    les cuelgan varios listones,
    de Michoacán son pendones.

    Gabanes, rojos colores,
    grecas negras, ¡son señores!,
    es nívea la lana
    que los engalana.

    Muy vistosa esa franela,
    ¡que toquen “Flor de Canela”!
    y luego “La Golondrina”,
    esa pieza es su madrina.

    Camisas de manta blanca,
    calzones de poca zanca,
    sus finos bordados
    están bien labrados.

    Calzado incansable
    de cuero o baqueta,
    la suela admirable
    resuena coqueta.

    Un bastón que no se quiebra,
    la madera tiene un don,
    parece hasta que celebra,
    es muy fino ese bordón.

    Son expertos danzarines
    y ya carecen de muelas,
    bien escuchan los violines,
    contrabajos, las vihuelas.

    Tienen mucha resistencia,
    que bailen “La Competencia”,
    purépecha melodía
    que alegra la luz del día.

    Para éllos, su gran edad,
    es poca, una nimiedad,
    no hay fatiga en el danzar,
    jamás quieren descansar.

    Sus achaques y temblores,
    hablan de sus mil amores,
    en máscara la sonrisa
    porque no les corre prisa.

    Su patrón, el Niño Dios,
    nunca les dará un adiós,
    “t’arhepitis” lo han consentido,
    desde muy recién nacido.

    Benditos están sus pies,
    pocas veces un traspiés,
    ¡que pegue bien el huarache
    contra el piso, que retache!

    Que sacudan la polilla,
    son toda una maravilla,
    es verdad, están longevos,
    ¡pero le echan muchos hue . . .!

    Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
    Morelia, Michoacán, México, abril del 2010.
    Reg. INDAUTOR 03-2010-102913333100-14
    Dedicado a mi ahijado, José Alexis López Gabriel

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